El sacrificio de Ifigenia


Los sacrificios humanos han formado parte de los rituales de muchas culturas aunque en ocasiones haya tratado de ocultarse.

El sacrificio humano es una práctica ritual más habitual de lo que muchos autores han querido creer. Sin embargo, la arqueología puede sacar a la luz los rasgos más oscuros de la humanidad encontrando rastros de este tipo de sacrificios en los cinco continentes y en diferentes periodos de la historia.

Los relatos míticos griegos presentan este tema con enorme cautela, pero dejan entrever que el sacrifico humano era aceptado en determinadas épocas como un medio excepcional de comunicación con los dioses.

Sacrificios en la guerra de Troya

Era muy habitual sacrificar animales a los dioses para conseguir su favor o para aplacar su ira, pero no lo era tanto el sacrificio de personas. Aún así, en la guerra de Troya se nos presentas varios sacrificios humanos, todos ellos relacionados en un modo y otro con el héroe Aquiles.

Durante el funeral de Patroclo, su inseparable compañero Aquiles consideró necesario sacrificar en la pira, además de de varios caballos y bueyes, doce prisioneros troyanos. Si alguno de los héroes griegos presentes en el funeral consideró esta acción impropia, la verdad es que no dio muestras de ello.
Políxena, una de las hijas de Príamo, corrió más tarde la misma suerte que esos doce prisioneros en la pira funeraria del propio Aquiles por expreso deseo del héroe. Y también fue protagonista Aquiles en el sacrificio de Ifigenia, aunque en este caso por intentar evitarlo.

Las razones del sacrificio de Ifigenia

La flota griega se encontraba reunida en Áulide sin poder partir hacia Troya a causa de unos vientos desfavorables que los estaban retrasando más tiempo de lo esperado.

Una vez más, el adivino Calcante fue el encargado de interpretar las señales. El motivo de que los dioses les retuvieran era la ira de Artemis. La diosa estaba irritada con Agamenón, el jefe del ejército griego, porque éste había cazado una cierva jactándose de la hazaña diciendo que ni la propia diosa lo hubiera hecho mejor.

Un acto de insolencia hacia los dioses en ningún momento podía quedar impune, por lo que se hacía necesario aplacar a la diosa, algo que generalmente se conseguía mediante el sacrificio de algún animal. Pero en esta ocasión, la diosa Artemis no se conformaba con un sacrificio habitual. Considerando que la soberbia de Agamenón había sido excesiva, el castigo también los sería. De esta manera decidió que la víctima a sacrificar sería la hija más querida de Agamenón, Ifigenia.

La víctima engañada

Algunos dicen que a Agamenón le costó mucho acceder al deseo de Artemis, y que en un principio se negó a sacrificar a su  propia hija. Pero el caso es que finalmente accedió, y la forma en que consiguió que Ifigenia llegara a Áulide fue bastante mezquina.

Mandó un mensajero a Micenas para comunicarle a su esposa Clitemnestra que había decidido casar a Ifigenia con Aquiles, pero la boda se tendría que celebrar en Áulide lo más pronto posible porque la guerra contra Troya no podía esperar. Así pues, Ifigenia llegó a Áulide ilusionada dispuesta a ser la protagonista de un feliz acontecimiento.

Por su parte Aquiles, cuando se enteró de que habían usado su nombre para atraer a Ifigenia al sacrificio, montó en cólera y decidió salvarle la vida. Sin embargo, todo el ejército se puso en su contra y el sacrificio se llevó a cabo. Una versión menos cruenta de la historia afirma que en el último momento, cuando el sacerdote estaba a punto de degollar a Ifigenia, Artemis se apiadó de ella y envolviéndola en una nube, la envió a la Taúride como sacerdotisa. Sea como fuere, este sacrificio tendría para Agamenón consecuencias trágicas.

El sacrificio de Políxena

Otra de las víctimas sacrificadas fue Políxena, princesa troyana de la que Aquiles estaba enamorado. El héroe estaba decidido a hacerla su esposa y se encontraban a escondidas en el templo de Apolo. En uno de esos encuentros Aquiles le confesó que era inmortal excepto en la zona del talón, que era por donde su madre le sujetaba mientras le sumergía en las aguas inmortales.

Lo que Aquiles desconocía era Políxena le despreciaba a él y a todos los griegos por estar destruyendo su ciudad. Revelado el secreto, la princesa troyana concertó una última cita con el héroe, pero en esta ocasión, Paris le estaba esperando en el templo para clavarle una flecha en su único punto vulnerable.

Un Aquiles agonizante, el mismo que en otro tiempo consideró indigno el sacrificio de Ifigenia, pidió a sus compañeros griegos que inmolaran a Políxena en su pira funeraria. Tal cual lo pidió, así se hizo.

No deja de sorprender que, a pesar del silencio acerca de estas prácticas, sean dos sacrificios humanos los que marcan tanto el comienzo como el final de la guerra de Troya. Ifigenia y Políxena como protagonistas de un ritual que no debía de ser tan desconocido entre los pueblos mediterráneos de la Edad del Bronce.

1 comentario:

  1. Laura, !!!me encantas....escribes muy bien ..

    ademas ...como sabes tanto ???

    cuales son tus fuentes ??

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